domingo, 31 de mayo de 2009
Del polvo del recuerdo
Yo, que últimamente ando limpiando estantes después de irme de casa y volver a mamá (vaya, nunca lo había pensado así... así suena mejor), voy recuperando el polvo del recuerdo, y no lo limpio, no lo boto, sólo lo soplo un poco para que broten imágenes de otros tiempos, otras risas, otros llantos... Y no, no estoy triste, he encontrado abandonada la tristeza, y aunque me llama para que le haga compañía, yo por estos días ando con ganas de andar saltando en un pie, de sonreirle a la soledad y dejar que el sol me tueste un poco la nariz... y también un poco a la deriva, sí, pero cómo de otra forma, sino, podría encontrar ese faro que me va a guiar, esa costa que me va a acoger, ese bar donde mil marineros me van a enamorar?
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Último párrafo de "Polvo de Recuerdo. Versión mono"- buscando editor bonachón que no sea parte del grupo de marineros -ni de los piratas, esos pa recorrer el otro mundo-
Y al tomar una ducha descubres que el agua es la misma en todas las duchas, pero encuentras que ésta refresca más. Miras desconcertada por la ventana, y es ver a lo lejos una nube que tapa Monserrate, y descubrir que la nube es otra masa, un edificio subiendo, llenando de concreto la vista, tapando con ladrillos los huecos de la mirada, y bajarla para ver que también debajo hay concreto, y lo pisas, y lo hundes con los pies, esos pies que andan y suben por detrás de la montaña para descubrir que ahí, frente a ti, crece un tapiz colgante que te tapa la vista sobre la gran ciudad. Y es un árbol, que no te deja ver el concreto; son sus ramas a las que te subes para no ver de lejos, alejarte de las paredes de concreto que te asfixian y se roban tu cercanía.
Y es la pared de concreto la que se introduce en tu soledad para acompañarte al abrir la maleta y querer darle aire a tu ropa. Es la misma que se da cuenta que está vacía, que lo dejaste todo al otro lado antes de pisar esta casa. Y lo único que encuentras es un boleto de vuelta.
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témperas, pasteles, bitácora, cámara -por comprar-, lápices, pluma, tela azul, sombrero -por robar-, música -en el corazón-, termo pa´l mate, calentadoras por si acaso, saco capota... (haciendo la lista para buscar el norte, deseando el sur)...
miércoles, 27 de mayo de 2009
de regreso II
la ausencia justificada, la presencia injustificada... el trabajo, los amigos, la noche, el sueño.
Me fui de viaje, un viaje largo, extraño, interesante, y por primera vez -creo haber mencionado esta frase en el último tiempo demasiadas veces... cuánto es demasiado?- no estuve ausente en él. Me reencontré con mi oficio, el de escritora, observadora, cantante desafinada, bailarina sin zapatos, amante de lunas coquetas, aguardientera... y encontré en medio de la limpieza, este texto, que les dejo:
La tristeza. Me siento en la cama, después de una noche tranquila, sin sueños, sin interrupciones, sin llanto, y veo delante de mí 24 horas por una vez, muchas más después. 24 horas que en la mañana parecen vacías, sin un horario que cumplir, sin citas extrañas ni deudas pendientes. Sólo compromisos preestablecidos mucho antes, a la hora de inscribirme en la universidad, sólo responsabilidades, inventadas, para ver como se mejora esta vida, este mundo.
Pero en el momento, sólo silencios que rondan el aire. Noticias que van y vienen, volviendo de algún lejano país desconocido, aromas que despiertan los ojos, humo que naufraga en el cuerpo, sin intentar escapar. Y la mañana comienza, alrededor del periódico, acompañada por el café y el cigarrillo del desayuno. Un nuevo día comienza, de manera normal, lo que augura un día normal, sin complicaciones, sin mayores novedades que la compañía del almuerzo, o el resultado de un examen.
La tristeza: un vacío profundo en el pecho, un zumbido de imágenes en la cabeza, una pesadez en el corazón. Pies de plomo, respiración mínima... No, esos no son síntomas de la tristeza.
La tristeza es simplemente un vacío profundo que no deja lugar a otras emociones. Carcome el tiempo y lo vuelve inútil, llenando de silencios las fiestas más animadas. Destroza las acciones, deconstruye las ideas. Destruye el presente impregnándolo de recuerdos de otros días, cuando el sol brillaba y la luna se veía.
Y pone triste, borra el brillo, cambia el estado de ánimo, el ritmo de la risa, la vida. Ahoga, agota, agobia.
Y si se queda adentro, se multiplica, se vuelve más grande, más profunda, irriga el cuerpo entero, viaja por la sangre, irrumpe en el ser.
Y explota.
Algún día, antes del desayuno, salta por todos los poros y abre grietas en la piel de la fuerza con la que sale. Y en la ducha, en un segundo, en varios minutos, se disuelve en el agua y es arrastrada junto con el sudor y los vestigios del día anterior. Hacia abajo, por debajo de la ciudad, lejos de ti, lejos de mí, dejándose olvidar...
¿Explota por sí misma, la tristeza? Explota cuando es tanta, y tan fuerte, que no le queda espacio dentro del cuerpo
miércoles, 6 de mayo de 2009
un nuevo adiós
No borro los recuerdos, no quemo las fotos, no salto al mar buscando nuevas aventuras.
Tampoco me he metido en la máquina de quemar recuerdos, ni los borraré como se borran los ejercicios en el tablero.
Hoy he levantado la última de las cajas llena de libros, y he cerrado la puerta de mis últimos cuatro años,
he salido sin herida abierta, supurosa, con la negra entre los brazos, caminando, lentamente, hasta una nueva puerta que, cerrada, guardará mis recuerdos, los que he ido recolectando en estos años - pocos- de vida... Aquella casa que me vio crecer, por la que corrí descalza y sin estorbo, de donde salí afanada buscando brazos fuertes que me cobijaran en las noches de frío violento, será la guardiana de mis escasas pertenencias que son muchas más de las que pensaba. No he podido contar las cajas, las maletas, los canastos... tampoco conté las horas que me hicieron falta para dejar ese piso sin mis huellas... no contaré los días venideros, sin sonrisa, con abrazos, con música o en silencio...
ya contar no vale. Soñé, viví, amé, y ahora marcho... para dónde, es incierto aún; con quien, sé muy bien -sola-; para qué... para qué pensar si no hay razón, sólo un horizonte que se abre, una tierra que todavía es fértil, una esperanza que sigue intacta...
Deje nuestra casa vacía, con las paredes llenas de sonrisas, palabras, canciones, para que una nueva vida se abra en ella, donde quien quiera puede ser feliz.
Regreso a la casa materna, donde tengo espacio pero no lo tengo
donde quiero estar pero no me quiero quedar
donde no puedo, pero sin embargo sí.
Dejo atrás el pasado, porque ya no vale la pena aferrarme a él. Ya el hogar que construimos no existe, ya la yo es otra, no menos, ni más, simplemente otra, yo por lo tanto...
dejo canciones regadas por donde camino, y libros leídos en los estantes
dejo polvo suficiente para pintar el cielo
y plumones de colores, pinceles de pintura, témperas alcalinas para seguir dibujando
domingo, 3 de mayo de 2009
días de primavera
Me gusta bailar hasta la madrugada y caminar hasta la salida del sol.
Me dan ganas de reir las caras sonrientes en la mañana de trabajo, y el café con limón y panela.
Me gusta mucho el calor de un abrazo; la melodía de una canción; la risa pegajosa; sentarme en el anden y ver la gente pasar;
Me alegra pintar en la calle, y saber que la lluvia lo puede borrar, o no
Me gusta sentarme al calor de una chimenea, y pensar en el hogar que hace el fuego
Me encanta soñarme despierta al borde de un barco, sentirme pirata, vestirme contenta y cruzar el oceáno
me gusta cantar bajo la lluvia, chapotear sin mirar mi edad, comer a media noche, dormir a mediodía, escribir de madrugada, pintar cuando se puede, soñar en el bus, sonreir sin sentido, sentir con sentido, ser consentida