sábado, 21 de febrero de 2009

Depués hay que saber partir

Partir...
partir el corazón en dos, rasguñar las entrañas y dejar el estómago vacío. Distribuir sonrisas y besos, prestar pedacitos de baile, regalar un poco de caricia a las plantas de los pies, entregarse a la noche, dejar que la sonrisa de gata de la luna cobije la madrugada, permitirle a las lágrimas bañar el cuerpo desnudo de melancolí

Partir...
partir lejos de aquí, "con un beso y una flor" como ligero equipaje, pies ansiosos, manos curiosas, ojos severos...

partir tras las huellas, por delante de ellas, sin ella... avanzar despacio, silenciosamente, conjurando esquinas y espinitas de chalíe y llegar, para volver a partir, y partir siempre, irse siempre, estar en continuo movimiento, de viaje por la vida, con el mundo como ruta...

anoche dijo una pequeña saltamontes un poco desconocida que hay que estar vacío para volver a llenarse, y yo lo apunto, lo retomo y lo envío, entre palomitas blancas mensajeras, que hacen a veces de teclas

domingo, 15 de febrero de 2009

Primero hay que saber sufrir

He tomado decisiones equivocadas en la vida. Y no he podido arreglar las cosas. No he tenido tiempo, no me han dado el tiempo... y a veces pienso que si pudiera, tomaría las mismas decisiones, para volver a ver el amanecer con los mismos ojos, y sentir el aire rasguñar mi piel de la misma forma como lo hace en estas madrugadas de insominio...
pero esa tarde, cuando tome el avión, no tomé ninguna decisión, simplemente me fui, me fui y caminé y me perdí entre vino y noches de estúpida, y volví para perder el mejor tiempo de mi vida, por miedo, por ausencia, para no seguir siendo la que se quedó, que no era la que volvió...

y no te pido que me entiendas, son solo recuerdos lejanos de promesas vanas de un amor
son solo excusas tontas de un viaje que nunca terminó
y que ahora,
en medio de tanta turbulencia, intento desarmar, como se desarma un cuaderno viejo para salvar las únicas hojas no usadas...
Y sé, o sí que lo sé, que es un intento vano, un sueño intangible este de volver a verte sonreir por las tardes, y oirte prometer llevarme a la función de las 7 que nunca empieza...

Es un deseo de enseñarte las fotos del viaje al que no me acompañaste, de cantarte las canciones que desafino, de contarte porqué, de recalentar el té en las tardes de invierno, una y otra vez...
Es una decisión, que tomo y que no depende de mí...
es una decisión que comparto por los aires, tal vez un grito de auxilio, una propuesta de una tarde, un helado a media noche. No sé que es, son unas ganas de hablarte, de verte, de sentirte sonreir tan lejano como estás que no te veo...

viernes, 13 de febrero de 2009

Primero hay que saber amar

No, esto no se trata de amor, por lo menos de amor en el sentido romántico, rosa y aparente de la palabra...
Todo empezó una tarde, o una mañana quizás fuera una noche de vino y cigarrillo. Todo empezó como suelen empezar las cosas, con un par de palabras y unos cuantos pensamientos. Decimos que empezó, cuando realmente y apesar de lo que digan los maestros, nunca se puede saber el momento exacto en el que comienzan las cosas... a veces se sabe cuando terminan.

Pero el hecho es que en un momento nada exacto en el pensamiento, las cosas se fueron dando, los pensamiento fueron tomando formas menos borrosas a pesar del vino o de los cigarrillos, y las palabras esclarecieron en la tarde, o en la mañana brumosa de esta ciudad. Y en medio de tanta charla, decidí -en realidad decidimos, yo y las otras iguales- seguir adelante a pesar de la apariencia nada excitante de las condiciones, siempre objetivas.
Dejar todo como está, ni de lado ni atrás, simplemente dejar las cosas como están, y seguir, sea en el camino prefigurado, sea en el camino encontrado.

(Y bueno, esto puede sonar nuevamente a diario de adolescente rosa (y es probable que quien lo escriba lo sea), pero intentaremos darle un giro drástico a la historia para alejarnos del bolsillo en el que viajan las palabras adecuadas para los momentos de crisis.)

Creo que el inicio iba bien, es decir, la cosa comenzó bien en su momento, a pesar de que el título siguió en el segundo renglón, olvidándose del tango completo, olvidando que antes que amar, hay que saber sufrir
supongo que para recibir todo en vacío
pero bueno, este es apenas el principio...

El hecho es que la cosa empezó, siguiendo un curso extraño. Estaba yo sentada en medio de palabras y rodeada de sueños, cuando se me escapa un bostezo y éste sin esconderse antes de que las miradas se dieran cuenta, le dio un bofetazo al aire para contarle que estaba ya aburrido de tanta parsimonia. Y sin saber muy bien de que se trataba el asunto, salió como si tal cosa, abofeteando y chillando para largarse sin mirar hacia atrás… y dejar en el espacio un sinsabor de vacío. Tal cual.