martes, 10 de marzo de 2009

Y al final andar sin pensamiento...

Reconozco ser culpable de querer abrazarlo cuando lo veo
me reconozco inquieta cuando veo sus manos moverse, juntarse alrededor del vacío
reconozco que quisiera que sus manos se juntaran alrededor de mi cintura
Me reconozco culpable bajo el cielo enrojecido de esta ciudad, de querer fundirme con la música sin tropiezo, y que casi siempre tropiezo.
Acepto sin vergüenza que me gusta que él, ese otro, conteste a mis gritos de auxilio virtuales, y se muestre presente a través de la pantalla.
Acepto, con un poco de vergüenza, que a veces sólo quisiera dormir, y no despertar nunca, a menos que despierte chiquitita
Reconozco con dolor haber dejado esperando a quienes cité en la esquina del futuro, pero igualmente reconozco que esa esquina se dobló y desapareció de mi vista antes de que yo me diera cuenta
Acepto, encantada, sin segundas ni terceras intenciones, el baile, el tequila, el vino, la noche y un amanecer en cualquier calle de esta ciudad -maldita y amada, dolida y odiada-.
Reconozco ser culpable de todo lo que le hice sentir, de los mordiscos en el cuella, de las huellas en su vida. Reconozco ser culpable de mi dolor, de mi angustia, de mi felicidad, de mis gritos, ahullidos y vítores.
Soy culpable de hablar en un lenguaje que nadie entiende
de escribir palabras en los muros blancos y rojos de este gran gigante que es mi ciudad
de querer construir otro mundo
de haberle usurpado al cielo amaneceres llenos de felicidad
madrugadas de besos
desayunos desnudos
Soy culpable, en fin, y no espero que nadie ni nada se apiade de mí. No lo merezco y no sería justo conmigo.
Me gusta ser culpable de mí.

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Pisadas