Iglesia reconoce que cada vez hay menos donaciones; Iglesia pide cese al fuego; Iglesia exige disculpas pero no pide perdón; Iglesia insiste en negociaciones humanitaria, en fin de secuestros...
(sí, sé que no es original un post sobre la Iglesia en plena semana santa... pero hay tantos titulares divertidos/)
La Iglesia insiste en la paz, en que lo rojos dejen las armas, en que el Sida no se previene a punta de condones, en que la gente salga a rezar, en que nos quedemos callados cuando nos imponen respeto por sus dominaciones...
La historia de las dominaciones, la esclavitud y la explotación de unos por otros viene ligada a la Iglesia y al Poder como instituciones. El contenido mitológico, cosmológico e ideológico vino después, cuando sólo por la fuerza no era posible "mantener las cosas en orden". Ahí fue que nos llenaron de mandamientos, de creencias como la que "es pobre porque no quiere superarse", o "lo mataron porque algo hizo"; y los países ricos -industrializados, del primer mundo, imperialistas- pusieron sus euros y dólares que les sobraban en alcancías para ayuda humanitaria -para apoyar el desarrollo del tercer mundo. Volvieron la economía de estos países, dependiente de sus buenas acciones, y a los gobiernos "en desarrollo", en viles juguetes de los poderosos.
La Iglesia, por su parte, pide donaciones, no sólo para ayudar a los pobres sino para mantenerse como Poder Ideológico, guía espiritual que nos exige respeto por seres que sufren en cuerpo propio la tortura de sus pensamientos, y nos pide a nosotros, a su vez, que suframos, que ayunemos, que andemos descalzos sobre ruinas ardientes para redimir nuestra libertad, que según ellos no merecemos.
Y a aquellos pueblos, que luchan en mano propia por su "redención", tanto espiritual como política, les enganchan títulos demoníacos, comunistas, mientras los alejan de las puertas del cielo.
¿Qué sería de nosotros, "los pobres tercer mundistas", sin la ayuda espiritual de la Iglesia, o el apoyo económico solidario de Estados Unidos y la Unión Europea?
Algún día, alguien en clase dijo que gracias al "descubrimiento" (vaya palabrota) el conocimiento científico había avanzado y el modernismo se había desarrollado. Conocimiento eurocentrista, claro que sí, digo nomás.
Es pues que, -a pesar de haberme pasado los días pasados cubriendo las peregrinaciones de los feligreses en buena parte del país-, no logro entender tanta fe que guía a jóvenes y ancianos, ricos y pobres, desgraciados y agraciados, a mantener silencio durante tantas horas, aguantarse las ganas de un cigarro, la sed de los 30* bajo sombra, para ver los pasos de Jesus hasta/hacia la cruz. Entiendo las necesidades de la fe, los tejidos culturales y sociales alrededor, pero no he logrado entender los senti-pensamientos de las personas que acompañan el dolor de este personaje.
De la misma forma como no logro entender que un presidente de un país ex-nazi, aun goce de popularidad después de que les dijera a los miles de damnificados por el peor terremoto de su historia reciente, que se tomaran esta experiencia como "un día de camping" (Berlusconi en Italia).
Perdonen, pero no entiendo.
(sí, sé que no es original un post sobre la Iglesia en plena semana santa... pero hay tantos titulares divertidos/)
La Iglesia insiste en la paz, en que lo rojos dejen las armas, en que el Sida no se previene a punta de condones, en que la gente salga a rezar, en que nos quedemos callados cuando nos imponen respeto por sus dominaciones...
La historia de las dominaciones, la esclavitud y la explotación de unos por otros viene ligada a la Iglesia y al Poder como instituciones. El contenido mitológico, cosmológico e ideológico vino después, cuando sólo por la fuerza no era posible "mantener las cosas en orden". Ahí fue que nos llenaron de mandamientos, de creencias como la que "es pobre porque no quiere superarse", o "lo mataron porque algo hizo"; y los países ricos -industrializados, del primer mundo, imperialistas- pusieron sus euros y dólares que les sobraban en alcancías para ayuda humanitaria -para apoyar el desarrollo del tercer mundo. Volvieron la economía de estos países, dependiente de sus buenas acciones, y a los gobiernos "en desarrollo", en viles juguetes de los poderosos.
La Iglesia, por su parte, pide donaciones, no sólo para ayudar a los pobres sino para mantenerse como Poder Ideológico, guía espiritual que nos exige respeto por seres que sufren en cuerpo propio la tortura de sus pensamientos, y nos pide a nosotros, a su vez, que suframos, que ayunemos, que andemos descalzos sobre ruinas ardientes para redimir nuestra libertad, que según ellos no merecemos.
Y a aquellos pueblos, que luchan en mano propia por su "redención", tanto espiritual como política, les enganchan títulos demoníacos, comunistas, mientras los alejan de las puertas del cielo.
¿Qué sería de nosotros, "los pobres tercer mundistas", sin la ayuda espiritual de la Iglesia, o el apoyo económico solidario de Estados Unidos y la Unión Europea?
Algún día, alguien en clase dijo que gracias al "descubrimiento" (vaya palabrota) el conocimiento científico había avanzado y el modernismo se había desarrollado. Conocimiento eurocentrista, claro que sí, digo nomás.
Es pues que, -a pesar de haberme pasado los días pasados cubriendo las peregrinaciones de los feligreses en buena parte del país-, no logro entender tanta fe que guía a jóvenes y ancianos, ricos y pobres, desgraciados y agraciados, a mantener silencio durante tantas horas, aguantarse las ganas de un cigarro, la sed de los 30* bajo sombra, para ver los pasos de Jesus hasta/hacia la cruz. Entiendo las necesidades de la fe, los tejidos culturales y sociales alrededor, pero no he logrado entender los senti-pensamientos de las personas que acompañan el dolor de este personaje.
De la misma forma como no logro entender que un presidente de un país ex-nazi, aun goce de popularidad después de que les dijera a los miles de damnificados por el peor terremoto de su historia reciente, que se tomaran esta experiencia como "un día de camping" (Berlusconi en Italia).
Perdonen, pero no entiendo.
A veces sícreo que hay más razón y sentimiento en la lucha por el territorio propio, por la autonomía, por su libertad...
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